OpenAI está experimentando una importante rotación de ejecutivos a medida que reestructura sus operaciones, pasando el control de su junta sin ánimo de lucro al CEO Sam Altman. Figuras clave, como la directora de tecnología Mira Murati y el vicepresidente de investigación Barret Zoph, han anunciado su marcha, lo que indica malestar interno. La reestructuración pretende hacer la empresa más atractiva para los inversores y puede aumentar el control y el valor potencial de las acciones de Altman. A pesar de estos cambios, la situación financiera de OpenAI’ es precaria, con previsiones de hasta 5.000 millones de dólares en pérdidas este año debido a su rápida expansión.
La rama sin ánimo de lucro, originalmente destinada a promover el desarrollo seguro de la IA, sigue en pie, pero su influencia bajo la nueva estructura con ánimo de lucro es incierta. Han surgido dudas sobre el compromiso de la empresa con su misión, especialmente tras la disolución de su equipo de Superalineación orientado a la seguridad. Los críticos señalan problemas constantes con el rendimiento del modelo de IA, incluidas las «alucinaciones», mientras la empresa se enfrenta a una presión cada vez mayor para justificar su elevada valoración. La situación refleja una lucha de poder más amplia dentro de OpenAI y plantea interrogantes sobre su viabilidad y responsabilidad a largo plazo en el desarrollo de la inteligencia general artificial (AGI).
